l Tropezando con melones - Blog de David Torres

David Torres, escritor, guionista y columnista

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lunes, 23 de junio de 2008

Patriotismo de calzón corto

Hace unas semanas, en uno de esos artículos magistrales con los que sacude la prensa mallorquina, escribía Matías Vallés que Chikilicuatre había logrado inspirar patriotismo a un pueblo perdido entre la vergüenza histórica y las boinas periféricas. Pero se equivocaba, porque el fútbol también está ahí para demostrar que los españoles salimos de vez en cuando del armario sólo para animar la camiseta roja y aglomerarnos en los bares a los acordes de un himno que no tendrá letra ni puñetera falta que nos hace.




Ortega habló de la España invertebrada sin contar con que ese insecto de 22 patas que se mueve por el césped es capaz de levantar pasiones más hondas y más instantáneas que la Viagra. Luis Aragonés no habrá estudiado filosofía (para eso es sabio y de Hortaleza), pero la exclusión de Raúl ha soltado más ríos de tinta que la decapitación de Gallardón en las listas del PP. Uno se pregunta si los grandes jerarcas de la derecha no habrán calculado de antemano las fechas para hacer coincidir su congreso con el choque decisivo de la selección en cuartos.

Ese patriotismo de pantalones cortos con que nos vestimos durante la Eurocopa y los Mundiales ha inundado Valencia (ciudad proclive a los petardos festivos) con la esquizofrenia de una celebración que parece apropiarse los colores patrios mientras el gobierno sigue enquistado en esa siesta de donde no la despiertan ni los camiones a bocinazos. Quizá por eso Aznar ha saltado a saludar a los suyos con el empaque de una vieja gloria futbolística cuando su equipo le hace el pasillo: media melena al viento, palmadas a los lados y un apretón de lástima al capitán Rajoy, que hace tiempo que perdió la copa, la recopa, los papeles y hasta los calzones.

Sin embargo, después de todos sus desastres, el PP ha sabido cerrar filas igual que los marines. De hecho, como los marines, ellos están ahí para salvar la democracia, no para practicarla. El congreso lo podían haber resuelto en una mesa de bar, jugando al mus, pero esa traca valenciana proporciona la feliz ilusión de una afición contenta, que quizá les apoyara porque en un momento de alucinación colectiva alcanzaron a creer en un país que iba más allá de un bombo y una camiseta.

Nada más lejos de la realidad. El Politburó valenciano por un lado; la crisis, la huelga y Bibiana por el otro, nos hacen pensar si para la próxima vez no deberíamos elegir entrenador en lugar de presidente. Un sabio de Hortaleza que nos haga soñar antes de despertar con un codazo en plena boca.


(Publicado originalmente en El Mundo el sábado 21 de junio de 2008)

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miércoles, 28 de mayo de 2008

¿No quieres caldo? Tres tazas

Ayer alguien me pegó la bronca por subir un artículo escrito para otro medio en el blog. Ignoraba que no podía hacerse, yo pensaba que el blog era un espacio para la libertad y que la libertad admite de todo: poemas, fotografías, ensayos, fragmentos de novelas, relatos, lo que fuera. Es curioso porque uno de mis blogs favoritos (http://blog.diariodemallorca.es/alazar) consiste únicamente en los artículos que el gran Matías Vallés escribe para el Diario de Mallorca. Pensé que como a algunos de ustedes, quienes entran aquí, les interesará lo que yo escribo (no sé si no para qué iban a entrar, digo yo), y lo que yo escribo muchas veces no es fácil de encontrar, pues el hecho de colgarlo aquí les facilitaría el acceso, y así, de paso, me ahorro yo el engorro de escribir algo en esos días tontos en que no tengo ni tema ni ganas de escribir.

En fin, el hecho es que llevo colgando artículos casi desde el primer día que inauguré el melonar pero, ahora que me he enterado que está prohibido, voy a hacerlo más a menudo, con mucho más gusto y más a conciencia.





CUANDO LOS DINOSAURIOS IBAN EN METRO

En el Metro de Madrid, concretamente en la estación de Carpetana, se han descubierto fósiles de más de 13 millones de años de antigüedad. Mastodontes, rumiantes y rinocerontes prueban que la fauna madrileña iba mucho más allá de los chulapos. Hay también trazas de la existencia de un oso-perro, predador y carroñero, que tiene toda la pinta de ser el auténtico novio del madroño. Sin embargo, hoy lo que nos queda de toda esta espléndida heráldica es el zoo de la Casa de Campo y las sedes de los partidos políticos, donde se guardan algunas de las más vistosas antiguallas sacadas de las ideologías marchitas del pasado siglo. En Madrid hay optimistas que aún llevan en la solapa la hoz y el martillo como si almorzaran todos los días celacanto, y también gente que cree que el Valle de los Caídos era como el parque de atracciones Warner de la época: el parque Jurásico clonado a partir de una gota de sangre del Caudillo.

Si se han encontrado todo eso en Carpetana, da pánico pensar lo que pueden encontrar picos y palas si se ponen a remover los cimientos de la estación de Alonso Martínez. Creíamos que el fósil de Fraga marcaba el año cero del PP, pero en los aledaños de Génova se están levantando especies que creíamos extinguidas: partidarios de Cristo rey y zombis extirpados del Concilio de Trento. Toda una recua de nostálgicos de los autos de fe que, como el arzobispo de Canterbury, echan de menos el desparpajo con el que sus colegas musulmanes conjugan tranquilamente la sharia con la administración del buen gobierno. Nos ha costado siglos quitarnos de encima las casullas, casi tanto como andar sobre dos pies, pero en el PP aún quedan especimenes antediluvianos que ansían regresar a la charca primordial, a las hogueras inquisitoriales y a las branquias. Aunque son una evidencia viviente de la conjetura de Darwin, casi todos provienen de los teocom estadounidenses, esa gente que niega la teoría de la evolución y prefiere enseñar ciencias naturales con catequesis.

Para ello se han sacado de la manga una teoría científica denominada diseño inteligente, que ni es científica ni es inteligente: una puesta al día de las enseñanzas bíblicas que da casi tanta vergüenza ajena como ese intento patético de aparear liberalismo con el catolicismo más charcutero y retrógrado. La estación de Carpetana es la prueba fehaciente de que todas las formas de vida tienen fecha de caducidad, y de igual modo que los ideólogos de IU están pensando seriamente en dedicar todos sus esfuerzos al arte de la verbena, los dinosaurios del neofranquismo deberían abandonar Génova y fundar una reserva biológica en un ala del Museo de Ciencias Naturales, al lado justo de los trilobites, para enseñar a las nuevas generaciones que el pasado de España, aparte de imperfecto, es, sobre todo, pasado.

(Publicado originalmente en el suplemento M2 de El Mundo el martes 27 de mayo de 2008)

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