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David Torres, escritor, guionista y columnista

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viernes, 3 de octubre de 2008

La ranura de la hucha

Este señor tan sonriente de aquí abajo es Jean-Claude Trichet, presidente del BCE, es decir, el Banco Central Europeo, el mayor órgano económico del continente.



Este señor tan elegante y bien peinado acaba de decir que la crisis que se avecina es lo más grave que ha ocurrido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Por lo visto, este señor no se ha enterado que este mismo verano ha habido una guerra en Georgia que ha dejado medio país en ruinas, cientos de muertos, miles de desplazados y docenas de miles de familias sin hogar.

Este señor tampoco se ha enterado de que hace cosa de quince o veinte años en toda la zona de los Balcanes se sucedió una serie de conflictos armados que desembocaron en la muerte de unas trescientas mil personas y provocaron el exilio de millones de familias.

Este señor tan importante no tiene ni la más puta idea (o la tiene y no le importa un carajo) de que hay un lugar llamado Srebrenica donde, en julio de 1995, fueron asesinados unos 8.000 bosnios musulmanes por unidades descontroladas del Ejército Serbio bajo las mismas narices de la ONU y el bostezo unánime de unos centenares de cascos azules holandeses.

Este viejecillo encantador no sabe nada de la primavera de Praga, donde medio centenar de checos murieron aplastados bajo las orugas de los tanques rusos, ni de la invasión de Hungría, ni de nada de nada.

Probablemente, este hombre cree que Europa empieza y acaba en su propio culo, la ranura de la hucha donde todos hemos depositado nuestros ahorros. Esta es la clase de papanatas, imbéciles, desalmados, analfabetos e ignorantes que hemos puesto al frente del tinglado. Con gente de esta calaña en la cúspide del poder no es de extrañar que el documento más revelador sobre la crisis sea este número magistral en que dos humoristas británicos explican meridianamente y con citas literales los mecanismos del batacazo financiero que nos han llevado a la catástrofe. Por favor, no se lo pierdan:

http://www.dailymotion.com/video/x684wa_the-last-laugh-george-parr-subprime_fun

He entresacado esta frase, cita literal del State-Street Global Market, un reputado diario financiero: 'Los agentes de mercado no saben si comprar por el rumor y vender a la noticia, hacer lo opuesto, hacer ambas cosas, o no hacer ninguna, según la dirección del viento'.

En tales manos estamos.

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domingo, 13 de julio de 2008

Aznar in concert

La insistencia de Aznar en el error es digna de encomio. Cada vez que le preguntan por la guerra de Irak, el hombre está más orgulloso, se hincha de vanidad, saca más pecho. También lo es la insistencia de los medios en preguntarle por la guerra de Irak, como si pensaran que Aznar pudiese cambiar de opinión, pillarle en un día tonto, admitir una equivocación que ha destruido un país, costado la vida a más de medio millón de personas y causado el desbarajuste de todo Oriente Medio.




Aznar nunca decepciona, siempre da lo que se espera de él. Por eso las televisiones, en los momentos más tórridos del tedio veraniego, recurren de vez en cuando a él para animar la programación y subir las audiencias a la altura de la raya del termómetro. En verano Aznar sale de gira, igual que Bruce Springsteen o Tom Waits, a repetir sus grandes temas clásicos. La gente a la que le gusta el rock cansino y carretero de Springsteen no va al concierto a oír baladas nuevas: va a oír lo mismo de siempre. Los sordos que idolatran el mugido de cazalla en que consiste la voz de Waits se sacudirían las orejas aterrados si su ídolo aprendiese a cantar como mandan los cánones de Operación Triunfo.

Igual que aquel obcecado y pétreo sargento de marines interpretado por Clint Eastwood, Aznar debería estar guardado en una urna de cristal bajo un lema que dijera: 'Abrir sólo en caso de guerra'. Para Aznar, aquel momento imperecedero en que entró por sus reales en la guerra de Irak fue uno de los hitos más altos de la historia de España, algo así como una reedición de la batalla de Lepanto sólo que con un montón de cadáveres quemados y de niños muertos. Tampoco le costaría mucho arrepentirse de su contribución a una masacre, pero Aznar, que ha leído a Nietzsche, sabe muy bien que lo más cobarde que podemos hacer con nuestras acciones es abandonarlas en la estacada, así que a lo hecho, pecho y aquí paz y después gloria, que es la definición exacta de la victoria de Bush, el lugar sin lugar donde van todos los soldados caídos en combate y las víctimas inocentes de la guerra.

Cuando termina su mandato y la nación ya no los necesita, los ex presidentes acaban con complejo de juguete roto, y van de país en país, de conferencia en conferencia y de nostalgia en nostalgia, como puros ya apagados que se empeñaran en durar más allá de sus cenizas. Así, lo que nos queda de González no fue esa joven sonrisa de esperanza en 1982 sino la mueca apolillada de Alí Babá en medio de una cueva de ladrones. Y lo que nos va quedando de Aznar no es su gestión económica o la lucha contra ETA, sino esa lamentable foto de las Azores, cuando su complejo napoleónico le llevó a formar parte del Trío Calaveras.




(Publicado originalmente en El Mundo el sábado 12 de julio de 2008)

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