l Tropezando con melones - Blog de David Torres

David Torres, escritor, guionista y columnista

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jueves, 10 de julio de 2008

Los Hombres G

Ferrán Adriá, ese buhonero capaz de vender aire en botella, dijo que la comida del futuro vendría del Japón y la última cumbre del G8 le ha dado la razón al genio. La comida del futuro es la japonesa, para los que tengan comida y para los que tengan futuro. Con una cena pantagruélica de 19 platos, los nuevos mandarines han demostrado que el problema del hambre en el mundo tiene fácil solución, siempre que uno vaya con la cartera llena.



Es sabido desde los tiempos de María Antonieta que los pobres no comen porque no quieren. Su muy graciosa majestad preguntó una vez a un chambelán por qué los pobres armaban tanto jaleo y el hombre respondió: 'Es que no tienen pan'. 'Pues que coman pasteles' respondió la humorista. Han pasado dos siglos, unas cuantas revoluciones fallidas, el hombre ha llegado a la luna, rodaron cabezas de reyes, sus herederos republicanos se quitaron la peluca, y todavía corre el mismo chistecito. Tal vez porque medio mundo sigue sin enterarse que para comer bien sólo hay que darse un garbeo por la guía Michelin o, en su defecto, llamar a Teletorta. La gente, que es cerril e ignorante.

Sentados a una mesa atiborrada de viandas, con los cinturones a reventar tras la comilona, a lo que más recuerda esa triste pandilla de mandamases del cotarro mundial es a una cena de los Soprano. La preocupación se notaba en la pechera de Bush (por la foto no sabría decir si se quitó la corbata para imitar el recorte de gastos propuesto por Miguel Sebastián o si se anudó encima una servilleta) y también en el rictus céreo de Berlusconi, que no se sabía si se le fue la mano con el botox o si dejó en su lugar a un maniquí para irse a piropear a las camareras.

Sólo la cena costaba un ojo de la cara: la cara oculta del planeta Tierra. Nadie comprende muy bien para qué seguir armando estas francachelas de amigotes ricos pero está claro que la G mayúscula que encabeza tanta glotonería corresponde exactamente a lo que ustedes están pensando. La G de quienes pagan todos los platos rotos. Como Cándido después de destrozar el cochinillo, estos ocho magníficos saben que ellos no van a barrer los pedazos.

Las cumbres de los Hombres G (Angela Merkel hacía de cuota) cada vez se parecen más a las canciones de los Hombres G. Fiestas para pijos, problemas de erección, tontunas de niños ricos. Es normal que los periódicos cada vez se interesen menos por los temas que tratan entre banquete y festín, y más por los manjares con que se refocilan y recochinean. Lo más interesante que Bush puede sostener entre sus manos es la carta del restaurante (no va a sostener su currículum). Como receta contra el hambre en el mundo, Berlusconi sólo puede recetar mozzarella. Menos mal que África no entraba en el menú, que si no, se la comen.


(Publicado originalmente en El Mundo el miercoles 9 de julio de 2008)

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sábado, 19 de abril de 2008

Coixet y Berlusconi: paridad cerebral

No hay nada más parecido a un tonto de derechas que un tonto de izquierdas. No hay nada más parecido a un melón que una sandía. Las gilipolleces que han soltado esta semana estos dos ninots de referencia son de traca. Uno está promocionando su gobierno; la otra, su película. No sabemos qué da más pena.






LA IGUALDAD

Se ha descubierto una correlación entre los niveles de testosterona y las jugadas afortunadas en la Bolsa. Si esto, además de científico, fuera cierto, supondría un grave varapalo a la teoría de la igualdad en general y a la remodelación del gobierno socialista en general. Todas las nuevas ministras tendrían que inyectarse hormonas para volver a igualar las apuestas. Además, les cambiaría la voz, les saldrían bíceps en las mandíbulas y Bono tendría que habilitar una sala de musculación al lado del Congreso. Menos mal que sabemos que estas chorradas estadísticas sólo valen para que algunos laboratorios universitarios no los cierren y en su lugar instalen una bolera.

Berlusconi no es que sea un científico precisamente pero, siguiendo la línea tradicional de supremacía masculina, ha comentado que el gobierno de Zapatero es 'demasiado rosa'. En su gobierno, en cambio, son todos muy machos. Por eso mismo, el pueblo italiano ha decidido encomendarle un tercer mandato, porque no hay dos sin tres, y también porque saben que, detrás de su sonrisa de poliuretano, Berlusconi conjuga a Mastroianni con Totó, es decir, un conquistador irresistible para las mujeres y un cómico devorador de spaghetti. Berlusconi dijo hace poco que 'las mujeres de la izquierda son feas' y este pensamiento tan profundo brotó en su caletre a pesar de que el suyo no es el sexo débil.

En el otro extremo de la tabla periódica se encuentra Isabel Coixet, quien declaró ayer mismo que 'cuando los hombres van, yo ya he ido y vuelto diez veces'. Diez veces por lo menos. Será por eso que cuando cocinó su película Mi vida sin mí no sólo sacó el título de un manual de ortografía escolar sino que plagió el argumento de un episodio de los Simpson. En su película, la protagonista, enferma terminal, decide hacer una lista de los diez deseos que le quedan por cumplir, igual que Homer Simpson un día que va a un restaurante japonés y se tapiña un fugu. Da pena comprobar que Coixet fue y volvió diez veces sobre el mismo camino que un personaje machista y elemental ya había trazado años antes, pero quizá la diferencia radique en que Homer, gracias a Dios, no lleva gafas de pasta de colorines.

Al igual que Berlusconi, Coixet se da golpes de pecho con la lista de sus amantes, empezando por un profesor de la Facultad al que se merendó cuando acababa de estrenar la mayoría de edad, y con quien, de paso, hace un repaso de la mentalidad del macho en decadencia digno del doctor Rosado. Coixet y Berlusconi son tal para cual: lástima que no compartan las mismas ideas políticas porque juntos podrían formar un gobierno de coalición o una pareja de moda, al estilo de Sarkozy y la Bruni, sólo que con las alturas físicas y mentales más igualadas. Va a ser verdad eso de que los extremos se tocan.


(publicado en El Mundo el 16 de abril de 2008)

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