l Tropezando con melones - Blog de David Torres

David Torres, escritor, guionista y columnista

Tfno.
917 025 016

Estás en Home » Blogs » Tropezando con melones - Blog de David Torres

jueves, 14 de agosto de 2008

Cogollitos de Tudela

A medida que pasan los días cada vez sabemos más detalles sobre lo que ocurrió realmente en el K2. Es cierto que en los primeros momentos conocíamos muy poco de lo que había sucedido allá arriba. Pero ocurre que el periodista no puede lanzarse en frío sobre la noticia del mismo modo que el médico no puede esperar a ver cómo evoluciona un paciente. Esto suena a excusa y de hecho lo es: cuando me llamaron para que escribiera un artículo de opinión sobre la tragedia del K2, no tenía más informaciones directas que unas palabras muy duras de Alberto Zerain, quien dijo literalmente: 'Vi mucha mediocridad ahí arriba'. También se rumoreaba (y luego se ha confirmado) que entre los expedicionarios abundaban las botellas de oxígeno. Nada menos que Reinhold Messner opinó: 'La gente reserva paquetes que incluyen ascenso al K2 como si comprara un viaje con todo incluido a Bangkok. Pero quien quiera subir a un ochomil debe asumir su propia responsabilidad y ser capaz de desenvolverse de forma autónoma en tal altura'.



A mí me impresionó especialmente el hecho de que al menos cuatro de las víctimas fuesen serpas y porteadores de altura. Es decir, trabajadores de la montaña. Ese factor concentró sensiblemente mi atención. Para mí no hay ningún problema en que alguien decida dónde y cómo quiere morir, pero no hay dinero ni excusa suficiente para que un hombre muera por cumplir el sueño de otro. Los detalles técnicos (la hora excesivamente tardía para hacer cumbre, las botellas de oxígeno, la falta de preparación de algunos expedicionarios) palidecían ante este simple y meridiano hecho.

El tono, que en mi artículo para la edición digital de El Mundo, era bastante comedido aunque cortante, se bañó de ironía y de sarcasmo en mi blog, que por algo lleva el título que lleva. Como bien señala Sebastián Alvaro en su propio blog, pretendía provocar y, por desgracia, lo conseguí. Digo por desgracia porque lo que no pretendía en modo alguno era ofender al colectivo montañero (aunque está claro que lo hice). No lo pretendía por la sencilla razón de que no se trataba de un artículo técnico dedicado al análisis de lo sucedido (para lo que no estoy ni mucho menos capacitado), sino a una reflexión sobre ciertas zonas oscuras de la psique humana que, en esta ocasión, se habían encarnado en el K2.

Por supuesto que no soy un alpinista, pero creo que eso no quita ni da un ápice para opinar sobre esta cuestión. Tampoco soy un experto en política internacional y hoy he opinado en El Mundo sobre la guerra del Caúcaso. Tampoco soy un edil del ayuntamiento ni un experto en construcción y sin embargo, en el mismo artículo, me atrevo a criticar la gestión urbanística de Gallardón. La crítica de Pérez de Tudela, publicada en Desnivel, a mi artículo se basa exclusivamente en esta teoría de los compartimentos estancos. La repito aquí:



Respecto al debatido y criticado artículo de David Torres en el El Mundo solo tengo que decir que es un artículo literario y periodístico, pero escrito por un autor que no es alpinista, ni explorador, ni ha probado el sabor del esfuerzo. Escribió una novela sobre una imaginaria ascensión al Nanga Parbat que a muchos les pareció que literariamente era buena, y que a otros no les interesó nada. Imaginar el alpinismo es una tarea imposible, si no se ha vivido; y solo algún poeta o filosofo metafísico como Rilke, Hölderlin, Nietzsche o Jünger... podrían hacerlo.


Doy por sentado que cuando Pérez de Tudela dice que yo no he probado 'el sabor del esfuerzo' se refiere al esfuerzo en montaña. No voy a sacar aquí mi curriculum como librero, cobrador de recibos o nadador porque tampoco es gran cosa, pero advierto que el 'esfuerzo' de escribir una novela es bastante considerable. En cuanto a la valoración de mi novela, resulta cuando menos curioso que, según Pérez de Tudela, a muchos les pareciera 'literariamente' buena. No entiendo, tratándose de una novela, cómo les podría resultar otra cosa. Una novela no puede ser 'alpinísticamente' o 'culinariamente o 'químicamente' o 'judicialmente' ni buena ni mala. Es literatura. A muchos alpinistas de élite y a otros de andar por casa les pareció considerablemente verosímil. En el jurado estaba Sebastián Alvaro. Entre los primeros lectores, Paco Aguado, Juanjo San Sebastián, Luis Fraga y José Isidro Gordito. También le pareció muy buena a un famoso alpinista que por aquel entonces (hablo de 1999) tenía un programa de radio, me entrevistó por el libro y me felicitó por mi trabajo. Evidentemente él no se acuerda. Era Pérez de Tudela y si no le interesaba nada, no debería haber hecho una entrevista tan elogiosa.

Pasemos por alto el hecho de que Pérez de Tudela, al contrario que Juanjo San Sebastián, no se ha arrimado siquiera a las faldas del K2. Dejemos también el hecho de que tampoco, al contrario que Luis Fraga y José Isidro Gordito, ha estado en la cima del Nanga. Yo, al contrario, que él, no voy a criticar su curriculum, porque creo que la falla principal de su razonamiento es esta frase: 'Imaginar el alpinismo es una tarea imposible, si no se ha vivido'. Esto es una solemne tontería que, como todas las solemnes tonterías, tiene mucho predicamento. Si fuera verdad, entonces todo lo que no fuesen libros de memorias no valdrían un pimiento. No valdría un pimiento Guerra y paz de Tolstoi (que no sufrió en carne y hueso la campaña napoleónica), ni la Decadencia y ruina del imperio romano de Gibbon (que tampoco estaba allí), ni una historia de la cirugía en el siglo XIX, ni la más pequeña novela sobre el Antiguo Egipto.

Según Pérez de Tudela 'sólo algún poeta o filósofo metafísico como Rilke, Hölderlin, Nietzsche o Jünger... podrían hacerlo’'. Es decir que, según él, la facultad de imaginar el alpinismo fuera de la experiencia subjetiva está reservada a algunos alemanes. Pasemos por alto que Jünger no encaja ni como poeta ni como filósofo metafísico. Dejemos también la bigotuda sonrisa con que Nietzsche se hubiese tomado el calificativo de 'metafísico. Es palmariamente evidente que yo, como escritor, no le llego a los talones ni a Rilke ni a Nietzsche. La distancia entre ellos y yo es, más o menos, la misma que hay, como alpinista y explorador, entre Reinhold Messner y César Pérez de Tudela.

Etiquetas: , , , , , , , ,

miércoles, 6 de agosto de 2008

Viajes Ynestrillas

Ayer me llamó Fernando Baeta, director de la edición digital de El Mundo, y me pidió que le escribiera algo sobre la tragedia que ha tenido lugar estos días en el K2. Escribí esto. No soy un alpinista ni un especialista en alta montaña (ni siquiera en baja) pero algo se me ha quedado de cuando escribí Nanga Parbat y Los huesos de Mallory. Todo lo que sé sobre montaña me lo han enseñado mis amigos Rafael Conde (con quien compartí media vida en Altair), Sebastián Alvaro, Luis Fraga y Paco Aguado. El resto lo he leído o me lo he inventado.

Pero no hace falta ser un especialista para entender lo que ha pasado este verano en el K2. Unos cuantos señoritos que cogen sus sherpas y sus porteadores baltís y se van a una de las montañas más acojonantes y difíciles del mundo como si fueran de excursión a La Pedriza. Alberto Zeraín se los encontró cuando bajaba de la cumbre a una hora ya muy tardía para el Karakorum. Pensó que iban a morir todos. A mí me recordó aquella historia del gran escalador inglés Don Whillans. Se retiraba de la pared norte del Eiger (otro auténtico matadero) en cuanto vio las primeras señales de tormenta y, para su sorpresa, se encontró con un grupo de japoneses que iban alegremente hacia la cumbre. Whilans preguntó que dónde coño iban y los japoneses respondieron sonriendo: 'We're going up'. 'Sí, vaís arriba' pensó Whillans. 'Pero mucho más arriba de lo que os pensais'.

Los señoritos hicieron cumbre a las ocho de la noche. Los señoritos no sabían que en el Himalaya las dos de la tarde es la última barrera de seguridad para afrontar un retorno con garantías. Los señoritos se encontraron con que un alud había barrido las cuerdas fijas. Los señoritos se llevaron a sus guías y sus porteadores para que le echaran una mano con el remo a Caronte.





Está de moda esto de los viajes de aventura. A mí palmar de ese modo en el Himalaya me parece demasiado caro y ostentoso. Un lujo, una estupidez. Sólo el permiso de escalada te sale por dos kilos. Hace tiempo Rafa Conde y yo pensamos en montar una agencia de viajes de alto riesgo. Lo llamamos 'Viajes Ynestrillas: cojones sin ladillas' porque nos acordamos de aquella incursión que hizo Sáinz de Ynestrillas al País Vasco con banderas españolas en pleno aberri eguna y nos pareció una opción mortal mucho más imaginativa y provocadora. Pensamos, por ejemplo, en vestirse de travesti en plan locaza total, pintar un autobús de rosa e irse de vacaciones a Afganistán, a ver cuánto tardaba el primer grupo de talibanes con lanzagranadas en entablar el primer contacto.

Otra posibilidad era ponerse una kufiya palestina, subirse a un coche con emblemas nazis y conducir por las calles de Jerusalén oyendo la Cabalgata de las Walkirias a toda hostia por los altavoces. Más barato todavía: pasear por Ramala o por el centro de Teherán con una camiseta que diga 'Mahoma es gay'.

¿Estás harto de la vida y quieres salir por la puerta grande? ¿Crees que el puenting con la cuerda larga o el paracaidismo sin paracaídas son mariconadas? ¿Te apetece palmar este verano? ¿Te atreves a subir el Everest en camiseta? ¿Se te ocurre una manera mejor? ¿Quieres contarnos los detalles de tu próxima excursión al más allá? Viajes Ynestrillas: tu otra forma de viajar.

Etiquetas: , , , , , , ,

© 2006 Hotel Kafka. C. Hortaleza 104, MadridTfno. 917 025 016Sala de PrensaMapa del SiteAviso Legalinfo@hotelkafka.com